El resultado de las elecciones en el País Vasco se presenta de gran interés para la elección del lehendakari y la conformación del futuro gobierno regional. Cualquiera de las posibilidades que se barajan no ofrecen garantías sobre la estabilidad política que se necesita con los tiempos que corren, y más en una zona donde la cuestión nacional tiene el peso que tiene. Un gobierno españolista del PSOE, apoyado “desinteresadamente” por PP e incluso UPyD es una bomba de relojería. Ni siquiera el ala más a la derecha del PSOE puede llegar a los límites que quieren imponer en la sociedad vasca sus posibles socios, poco menos que el estado de excepción y la criminalización de todo lo que huela a la defensa del derecho democrático de autodeterminación. Esto es la receta acabada para un aumento de la violencia y la fractura social, de los atentados y la represión policial bajo la incontrolable espiral de acción-reacción. El peor de los escenarios para un Patxi López que se quedará sin margen de actuación, una vez que se ponga en manos de los más reaccionarios y los mejores exponentes del rancio nacionalismo español.
La otra opción, el acuerdo PNV-PSOE, al que se podrían unir otras fuerzas minoritarias nacionalistas, daría la presidencia al PNV (es posible que sacrificando a Ibarretxe por alguien más “moderado”) y cuenta con una holgada mayoría parlamentaria pero de ninguna manera esto significa estabilidad ni resuelve las contradicciones políticas de este gobierno. La cuestión nacional se presenta como un escollo insalvable entre las posiciones españolistas que actualmente defiende el PSOE y los intereses del PNV, ligados a la demagogia soberanista. Pero la lectura desde un punto de vista de clase no es menos importante. La espectacular subida de votos del PSOE, conseguidos principalmente en los grandes municipios y en las capitales es un voto que proviene de las familias trabajadoras, de las barriadas obreras, de la izquierda en general. El PNV es el partido de la burguesía vasca, que si bien maneja el tema nacional y las aspiraciones independentistas para conseguir el apoyo electoral de amplias capas de la población, su carácter fundamental reside en la defensa de los intereses del empresariado y el capital vasco. Apoyados por un gobierno amigo, son precisamente éstos los que se han enriquecido en la época precedente y ahora cuando las cosas no van tan bien despiden a los trabajadores, cierran las empresas para trasladarlas a otros lugares más rentables (es decir, donde puedan explotar más a los trabajadores) y pretender sobrevivir a costa del dinero público. Pero los trabajadores han votado al PSOE para que acabe con este estado de cosas, para que defienda sus derechos frente a los beneficios patronales y el terrorismo empresarial en forma de despidos y cierres de empresas. Y esta contradicción irresoluble, que no es otra que la del capital y el trabajo, se expresará en cualquier pacto PNV-PSOE a través de las presiones de clase y los intereses ligadas a ella, los beneficios empresariales frente a los derechos de los trabajadores, el derecho a trabajar, a tener una vivienda y un salario digno. La profundización de la recesión económica y el desempleo harán cada vez más insoportable esta contradicción, que amenaza con hacer saltar por los aires o mantener en crisis permanente a un gobierno de esta naturaleza.
Las causas de los desastrosos resultados de EB
Pero no era de esto sobre lo que queríamos hablar, sino del papelón de izquierda unida (Ezker Batua) en las elecciones autonómicas. IU se queda con un solo diputado y pierde 30.000 votos, ahí es nada. La pequeña reseña que ocupamos en la prensa burguesa, en la edición de El País del 3 de Marzo, aparece bajo el título “Desconcierto en IU por el pésimo resultado de Madrazo”. Los compañeros de la dirección federal confiesan que no encuentran explicación a lo sucedido. “Es incomprensible”, se lamenta el propio Coordinador Federal y continúa “si la gestión al frente de la Consejería de la Vivienda ha sido muy buena ¿por qué este castigo del electorado?”. En realidad, esta derrota es consecuencia directa de la orientación política que EB ha representado en el último período, contando en todo momento con la bendición de la dirección federal de IU, y que puede resumirse en el abandono de una política de clase pegada a la calle por una política de colaboración de clase disfrazada de nacionalismo y pegada a las instituciones. Los hechos concretos derivados de esta línea política son la formación de un bloque “nacionalista” con PNV y EA, es decir, con los más genuinos exponentes de la derecha autóctona, y la entrada en un gobierno “nacionalista” de derechas con los mismos protagonistas. En estas cuestiones fundamentales de la política es donde hay que basar cualquier análisis serio de los resultados electorales, si realmente se quieren sacar conclusiones para el futuro, y no en temas secundarios como la gestión al frente de las consejerías, incluido la vivienda o si estos logros en el frente parlamentario han sido entendidos por la ciudadanía.
La unidad con PNV y EA, los representantes políticos de la burguesía vasca, en la supuesta defensa de los derechos nacionales es una estafa y no tiene nada de progresista y menos de comunista. El principio incuestionable sobre el que se asienta la histórica defensa que los comunistas han hecho de los derechos nacionales y el derecho a la autodeterminación de los pueblos es que esta lucha esté subordinada a una política de independencia de clase que excluye cualquier acercamiento a la clase dominante y sus partidos tradicionales, y mucho menos entrar en un gobierno con ellos. Lo que ha sido un libro cerrado para Madrazo y compañía es el ABC para los trabajadores que no ven con agrado los acuerdos entre la izquierda y la derecha ¡aunque se presenten en clave nacionalista!.
De hecho lo único que se consigue con esta política es atar a los trabajadores al carro de los intereses de la burguesía, colaborar en el engaño que la burguesía vasca, principalmente el PNV, hace de la cuestión nacional y la autodeterminación. La única patria que reconocen las clases pudientes, y las vascas no son una excepción, es el capital. Para el PNV, las aspiraciones nacionales de la sociedad vasca, se reducen a una añagaza electoral. Enarbola la bandera de la autodeterminación con el único fin de aglutinar el voto independentista, como si fueran los principales garantes de esta consigna, mientras utilizan todos los trucos para impedir que la lucha por el derecho a la autodeterminación se plante de manera seria. Esta es la función, por ejemplo, del Plan ibarretxe. A la burguesía vasca, a la que pertenecen los capitostes del PNV no le interesa un Euskadi soberano e independiente del estado español por una sencilla razón, el 60% de la facturación de las principales empresas de capital vasco, BBVA, Eroski, etc está en España ¡y al capital no le interesan las fronteras!.
Por lo demás, el alineamiento interclasista con el “bloque nacionalista” tampoco ha servido para recoger el voto nacionalista por la izquierda. La ilegalización de las candidaturas abertxales, la desaparición del escenario político del Partido Comunista de las Tierras Vascas, con sus 9 diputados y 150.000 votos, dejaba un amplio margen para el crecimiento de EB, incluso teniendo en cuenta la consigna del voto nulo que sólo ha llegado a 100.000, pero nada de esto se ha producido. Una vez más, los resultados electorales demuestran que es imposible que EB consiga una autoridad y un respeto político entre la izquierda nacionalista mientras continúe siendo un apéndice del nacionalismo burgués del PNV.
Así, lo que queda en evidencia para la base electoral de la izquierda es una EB cubriendo el flanco izquierdo a la burguesía vasca en su política de privatizaciones, de explotación de los trabajadores, de grandes beneficios y de represión policial. Porque esta ha sido la política dominante de Ibarretxe visto por una importante parte de la población obrera de Euskadi, la misma que en multitud de fábricas y centros de trabajo ha emprendido luchas contra los despidos, por mejoras salariales, contra las privatizaciones y por unas mejores condiciones de trabajo. La comunidad autónoma vasca ha sido en este período, la comunidad donde más conflictos laborales se han producido. Y mientras Ibarretxe intervenía del lado de la patronal enviando al ertxanxa contra los trabajadores y mientras se presentaban uno tras otros los EREs por los empresarios patriotas, como CEGASA, que pretende despedir al 70% de la plantilla y trasladar la producción a China, EB no a jugado ningún papel al frente de estas movilizaciones. Más bien han asumido un silencio cómplice prefiriendo guardar lealtad al ejecutivo vasco y contribuir, de manera responsable, a la estabilidad del “gobierno nacional” frente al acoso del Parlamento central. Esto no es más que charlatanería para encubrir una política oportunista y pequeñoburguesa centrada en las instituciones y no en la calle, cerrando los ojos a las reivindicaciones de los trabajadores y colaborando por acción u omisión (este es el precio de estar en el mismo gobierno) en la política reaccionaria y procapitalista del PNV. Es a este punto a donde lleva el abandono de una política de clase y combativa. Y no sólo en el País Vasco. Llamazares puede dar fe de ello.
Los mismos errores conducen a los mismos resultados
También en la provincia de Sevilla tenemos ejemplos recientes de la misma política errática. La combinación de una política reformista, de limitarse a gestionar el sistema desde los Ayuntamientos y las instituciones, con los acuerdos de gobierno con la derecha del PP llevan a descalabro tras descalabro. Esto lo hemos visto en las últimas elecciones municipales en Carmona, en Osuna y en Las Cabezas, importantes y emblemáticas poblaciones donde se han perdido las alcaldías de manera estrepitosa, a pesar de que nuestros compañeros siempre han defendido los éxitos de su buena gestión, de la misma forma que Madrazo planteaba los éxitos de su buena gestión en el tema de la vivienda. y continuando con los paralelismos, tal como sucede tras los “incomprensibles” resultados electorales en Euskadi, las derrotas en estos municipios siguen siendo todo un misterio para sus protagonistas. Las derrotas están para aprender de ellas y sacar conclusiones. Siempre y cuando se ponga sobre la mesa un análisis objetivo que determine las causas materiales, fundamentales, de principio que explican los sucesivos fracasos electorales (y no sólo electorales) de IU. Éstas son, básicamente, las que hemos expresado más arriba.